Uno de mis temas favoritos fue y sigue siendo la versión desafinadísima, autoparódica y crispadamente emotiva de My Way que grabó Sid Vicius. Es la síntesis y el límite del punk.
Leí una vez que el punk fue más importante por lo que prometió/permitió que por lo que realmente produjo, y tal vez sea así. Dió vuelta como una media al rock y creó una consigna de alto impacto: Do it yourself (hacelo vos mismo), curiosamente coincidente con los manuales de bricollage (hágalo usted mismo, más respetuoso) que te enseñaban a hacer desde un portarretrato con cuatro maderitas viejas hasta construir un cohete espacial con un motor de heladera. El punk abrió una puerta: si no sabés cantar, podés cantar; si no sabés tocar la guitarra, podés tocar la guitarra. Una cuestión de actitud.
Toda esta intro viene a cuento porque abajo está Willy Polvorón haciendo una versión imposible de Let it be. No en un estadio, no en un teatro: en una cena, donde más luce, con un coro que parece salido de la UOM, desafinando y en medio de palmas. ¿Antropofagia a la Oswald de Andrade, un Calibán distorsivo que Fernández Retamar no podía entrever ni en sus peores pesadillas, piratería a la Prior, en un poeta, guitarrista, cantautor e intérprete del tercer cordón del conurbano bonaerense? ¿venganza por Las Malvinas? ¿la continuación del punk por otros medios? ¿será en joda? ¿será en serio? ¿será las dos cosas a la vez?
Si bajan el disco (háganme caso y bájenlo) escuchen La tapita de gaseosa: es la canción que sale si cruzás a Leonardo Favio con Baldomero Fernández Moreno.
PD: No se pierdan el trailer de Sueños de Polvorón, el documental de Gabriel Alijo que se proyectó en septiembre en el Malba.

