miércoles, 15 de julio de 2009

PATRIA O SUERTE

Llegás al Automóvil Club Argentino en busca de cartografía autorizada. Aunque no hay en la sala quien atienda, te sentás a esperar en un sillón cuyos ángulos evocan vagamente el perfil de una nave espacial. El sillón, de un rojo intenso, moderno probablemente en los años 50, con un aire de familia a un Siam Di Tella, parece diseñado para el viaje a gran velocidad por el futuro, aunque te toca esperar más de un hora encallado entre carteles que celebran los cómodos caminos argentinos, sus pueblos y regiones, sus respectivas fiestas típicas: fiesta de la vid, del trigo, del ternero, del maíz, del surubí.

En eso hace su aparición un conserje que te resulta vagamente familiar, y tras él una mujer de voz neutra a la que le planteás tus requerimientos.

No hay nada de lo que buscás. Sin embargo te ofrecen: Valle de la Luna, 7 Lagos, Rutas Argentinas, Maravilloso Litoral, Misteriosa Patagonia, Colonias Pampeanas. Te ofrecen un café.

No hay nada de lo que buscás. Sin embargo te ofrecen: Noroeste Ancestral, Glaciares Milenarios, Córdoba Soñada, Jardín de la República. Y el décimo café.

Contemplás el vapor que sale del pocillo como si trazara algún tipo de mensaje en el aire.

Silencio antártico.

Ajeno a la escena, el personal de seguridad completa crucigramas en un rincón.

(fragmento de BLAIA, inédito)

viernes, 10 de julio de 2009

LA ANTROPOLOGÍA REVELA QUE LOS CANACAS CONFUNDEN ÓRGANOS CON VEGETALES

Así es. Cuando un niño canaca nace, el cordón umbilical es enterrado junto a un retoño en un lugar del bosque cercano a la aldea. Así ligados al nacer, los canacas son ellos y son también los árboles que los rodean. Esto resulta particularmente notorio en la lengua canaca, en la que las partes del cuerpo son nombradas con derivaciones de palabras provenientes del mundo vegetal. Una obviedad decir que para los canacas nuestro cuerpo individual es un absurdo. Mucho más de los canacas no se. Pero mientras dispongo unas ramas para iniciar un fuego, intento imaginar una fogata canaca… La verdad es que no puedo, mi vista y mi atención se clavan en el paquete de leña y en las letras rojas que dicen LEÑA.

“En la cosmogonía canaca, escribe Le Breton, cada hombre sabe de qué árbol de la selva procede cada uno de sus antepasados, y él mismo incluso”.

También pienso que entre los canacas el cuerpo es una extensión hacia adentro del mundo, y viceversa, por lo que cartografía y anatomía canacas, si existiesen, serían disciplinas intercambiables.

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(fragmento de BLAIA, inédito)

lunes, 6 de julio de 2009

COORDENADAS PARA EL TRAZADO DE UN MAPA

En un rincón del departamento de Ramiro Murguía, en el 82, escuchábamos The Clash.

Acá tal vez convenga aclarar que en 1982, en Bahía Blanca, resultaba poco menos que imposible conseguir un disco de The Clash. El tema es que el padre de Ramiro solía viajar a Europa, y de Europa había traído Sandinista! y Combat Rock.

Sandinista! con signo de admiración.

El signo, en este caso, anticipaba el estupor que un disco presuntamente punk, que no sonaba punk, podía provocar. ¿Pero qué podíamos saber del punk y de Nicaragua nosotros, ocho borceguíes tras la garganta de Strummer, en ese cuarto de persianas bajas para bloquear el sol enfermo del invierno?

I don’t wanna die I don’t wanna kill

The United Nations said it’s all fair

De modo que en 1982, en el departamento de Ramiro Murguía, mientras The Clash daba vueltas en el Winco, aprendíamos el uso del signo de admiración que nos martillaba la cabeza: Sandinista! y la cabeza daba una vuelta y se partía como un zapallo.


(fragmento de BLAIA, inédito)