sábado, 1 de mayo de 2010

TRABAJADORES DE TRULALÁ

Carlos Di Cicco (1937-2005) fue oficial mecánico en el Galpón de Locomotoras de Ingeniero White y gasista a domicilio. Ferromodelista apasionado, supo construir en su casa una maqueta por la que se paseaban estos diminutos muñecos de madera balsa, ya sea que esperaran el tren, o volvieran a su casa luego de un día de trabajo, o simplemente se tomaran un merecido paseo en una tarde de otoño como ésta.
Como un modo de homenajear a todos los trabajadores en su día a través del trabajo de Di Cicco, Ferrowhite presenta desde mañana en La Casa del Espía la muestra "Esculturas para mirar con lupa". Les dejo el texto que escribió Luis Sagasti para la muestra, y entrada que hizo Nicolás Testoni en su blog.

PARA MIRAR CON LUPA

Los muñequitos de los chocolatines Jack descansaban –y aún hoy lo hacen-en unos ataúdes de chocolate, claro, que se comían en un santiamén casi sin saborear. El rango de emociones que provocaban lo encabezaba la sorpresa de que nos tocara uno que no teníamos. Y como no era cosa de todos los días comprarse un chocolatín, el desencanto hacía de la boca una trompa si el muñeco liberado ya figuraba en nuestra colección.

Los muñecos de Di Cicco, frontales y de colores puros bien de pomo como venían los Jacks, parecen ser parte de una colección infinita a la que no le falta ninguna pieza. Pero al mismo tiempo, cualquiera de ellos da la sensación de poder iniciar una serie que a su vez encabezaría a otra. De estos asuntos los chinos que Borges citaba o inventaba sabían mucho.

Solos o de a pares, los muñequitos, pensados para habitar la maqueta de una estación del ferrocarril, dan cuenta de un afán conciliador que da la impresión de no querer olvidarse de nadie. Todos los tipos sociales parecen tener cabida en el trabajo de Di Cicco. Como en los trenes del general Perón.

Esa conciliación no sólo es conceptual sino también plástica: puede advertirse en la factura de cada muñeco. Por un lado dan la sensación de ser esbozos, bocetos, algo inacabado, pero al mismo tiempo se percibe con claridad una dedicación silenciosa y tierna a la vez como si luego de cada jornada, la cabeza del trabajador necesitara restituirse a un cuerpo que por momentos debería sentirse como ajeno.

Y hay un par de muñequitos que parecen ser los más difíciles de conseguir.

Y contra lo que se cree, no es la pareja haciendo el amor. Seguro.

Y la impresión punzante de que la estación de trenes era una verdadera arcadia, donde todo era posible, como en Trulalá.

La colección de Jacks guardaba una epifanía de la que de chico uno no alcanzaba a darse cuenta: la posibilidad de observar por primera vez a Hijitus de perfil. Como ver al guarda tocar la campana de la estación, ni más ni menos.


Luis Sagasti


4 comentarios:

Paquirro dijo...

Buenisimo, quiero ver mas muñequitos! cuando termine la muestra compartí... aunque los chocolates Jack, sabemos que no se compartían.

Marcelo Díaz dijo...

En el blog de Nico hay algunas fotos más, y supongo que subiremos más a www.museotaller.blogspot.com
abrazo

baudelaire3 dijo...

Negro, perdone que use esta entrada para preguntarte, ¿pero tu último libro está o no incluido en Es lo que hay (me refiero a Instrucciones para sacarse la máscara)? Perdona que me equivoque en el título, es que no lo tengo a meno aquí.

Abrazos,

C

Marcelo Díaz dijo...

No, Cristian, Es lo que hay reúne los tres primeros libros: Berreta, Diesel 6002 y Laspada. Estoy terminando Blaia, y el Díptico para ser leído con máscara de luchador mexicano es de una serie nueva, pero puede tardar un tiempo en llegar a libro.
Abrazo