El domingo 21-11-10 en Ferrowhite, a las 20 hs., presentamos el libro “Flying fish”, y lo hacemos con una nueva función de la obra de teatro documental en la que su autor, Roberto Orzali, nos invita a dar la vuelta al mundo.
“Las constantes transformaciones del capitalismo parecen moverse en una sola dirección: facilidad de circulación para las mercancías, restricciones cada vez mayores para la libre circulación de las personas. [...] Los que no cesan de circular, aún en este mundo, son los relatos. [...] En la voz del narrador son siempre muchos los que viajan. Creemos que Roberto lo entiende también así, y desde allí nos invita a acompañar sus viajes.”
Salió el último número de la revista norteamericana Artforum. Bajo el título "The museum revisited", incluye un texto de Inés Katzenstein que, entre otras cosas, afirma:
En traducción casera: “…unos pocos proyectos [museográficos] innovadores han surgido en Latinoamerica que intentan oponerse al vacío institucional de sus contextos… ejemplos periféricos dentro de la misma periferia… realizados con poco o ningún dinero... Puede parecer fuera de tema hablar aquí de un museo no artístico, pero dado el tinte crítico de la visión curatorial de Ferrowhite, la inteligencia y lo inesperado de sus recursos de muestra, y la naturaleza heroica de tan singular emprendimiento, creo que realmente vale la pena mencionarlo.”
“Cómo funciona la cosa” es un taller que se realiza en Ferrowhite cada lunes y miércoles a las tres de la tarde. Participan chicas y chicos de Ingeniero White y el barrio Noroeste, bajo la coordinación de Silvia Gattari y Malena Corte. La idea del taller es producir objetos de uso cotidiano y aprender, de paso, a organizarse en el hacer.
Carlos Di Cicco (1937-2005) fue oficial mecánico en el Galpón de Locomotoras de Ingeniero White y gasista a domicilio. Ferromodelista apasionado, supo construir en su casa una maqueta por la que se paseaban estos diminutos muñecos de madera balsa, ya sea que esperaran el tren, o volvieran a su casa luego de un día de trabajo, o simplemente se tomaran un merecido paseo en una tarde de otoño como ésta.
Como un modo de homenajear a todos los trabajadores en su día a través del trabajo de Di Cicco, Ferrowhite presenta desde mañana en La Casa del Espía la muestra "Esculturas para mirar con lupa". Les dejo el texto que escribió Luis Sagasti para la muestra, y entrada que hizo Nicolás Testoni en su blog. PARA MIRAR CON LUPA
Los muñequitos de los chocolatines Jack descansaban –y aún hoy lo hacen-en unos ataúdes de chocolate, claro, que se comían en un santiamén casi sin saborear. El rango de emociones que provocaban lo encabezaba la sorpresa de que nos tocara uno que no teníamos. Y como no era cosa de todos los días comprarse un chocolatín, el desencanto hacía de la boca una trompa si el muñeco liberado ya figuraba en nuestra colección.
Los muñecos de Di Cicco, frontales y de colores puros bien de pomo como venían los Jacks, parecen ser parte de una colección infinita a la que no le falta ninguna pieza. Pero al mismo tiempo, cualquiera de ellos da la sensación de poder iniciar una serie que a su vez encabezaría a otra. De estos asuntos los chinos que Borges citaba o inventaba sabían mucho.
Solos o de a pares, los muñequitos, pensados para habitar la maqueta de una estación del ferrocarril, dan cuenta de un afán conciliador que da la impresión de no querer olvidarse de nadie. Todos los tipos sociales parecen tener cabida en el trabajo de Di Cicco. Como en los trenes del general Perón.
Esa conciliación no sólo es conceptual sino también plástica: puede advertirse en la factura de cada muñeco. Por un lado dan la sensación de ser esbozos, bocetos, algo inacabado, pero al mismo tiempo se percibe con claridad una dedicación silenciosa y tierna a la vez como si luego de cada jornada, la cabeza del trabajador necesitara restituirse a un cuerpo que por momentos debería sentirse como ajeno.
Y hay un par de muñequitos que parecen ser los más difíciles de conseguir.
Y contra lo que se cree, no es la pareja haciendo el amor. Seguro.
Y la impresión punzante de que la estación de trenes era una verdadera arcadia, donde todo era posible, como en Trulalá.
La colección de Jacks guardaba una epifanía de la que de chico uno no alcanzaba a darse cuenta: la posibilidad de observar por primera vez a Hijitus de perfil. Como ver al guarda tocar la campana de la estación, ni más ni menos.
El sábado pasado, en el marco de La Noche de los Museos, hubo diluvio y baile en Ferrowhite. Playa, lo que se dice playa, no hubo salvo en las fotografías, porque las únicas playas que quedan por acá son la playa de maniobras del ferrocarril, administrada por Ferroexpreso Pampeano tras la privatización en los 90, y las playas de contenedores como la que engalana, previa tala de bosquecito, el frente del otrora pituco Club Náutico. Así que lo poco de playa que pudimos ofrecer estuvo en los baños del complejo, donde más que ejercitar la nostalgia lo que se hizo fue preguntarse unas cuantas cosas, como por ejemplo: ¿el mar sólo está para que los poetas lo canten y las empresas lo exploten? ¿es cierto que el agua de la ría es casi tan pura como la de Paso Piedras? ¿dónde está el papel? Y como a Ferrowhite no se viene sólo con el cerebro, sino que en general se trae todo tipo de órganos y funciones, también hubo baile de noche whitense.
En La Noche de los Museos de Bahía Blanca y en adhesión al Día Internacional de los Museos, Ferrowhite tiene el agrado de invitar a ud/s. a compartir UNA NOCHE EN EL TALLER. Habrá sorteos, picada ferroviaria, trenes en miniatura, brindis y los retratos ferroviarios de Hugo Llera, Manuel Montes, Pedro Marto y Pedro Caballero. Amenizarán la velada la estrella whitense Sarita Capelletti junto a Patricia Martínez, el dúo de guitarra y bandoneón Mansilla - Canale, y el cuarteto de tangos reos La Puñalada.
A las 20hs Archivo Caballero, un documental en vivo. Localidades limitadas.
En el último número de OTRA PARTE, como les contaba en el post anterior, dedicado a preguntarse por lo bien hecho en arte (y en consecuencia también por lo mal hecho) escribí un artículo en relación a los proyectos de teatro y arte documental que desarrolla Ferrowhite. El artículo se llama El éxodo inmóvil, y acá les dejo un fragmento, el dedicado a Pedro Caballero, que repone su obra (ARCHIVO CABALLERO, con dirección de Natalia Martirena) este sábado 16 de mayo, a las 20hs:
Sobre el final de Archivo Caballero, segunda obra del proyecto Archivo White, Pedro Caballero reconstruye en escena parte de su patio: sobre un pie de ventilador (tres patas con rueditas) acomoda una cubierta de automóvil, luego un caño de ventilación de aproximadamente metro y medio sobre el que calza un fierro oxidado en cruz; en cada brazo de la cruz coloca un par de tapas de cacerolas, una azul, una verde oscura, y en el extremo superior una lata blanca con un estampado de pequeñas manzanitas rojas, rematadas con un casco de seguridad industrial y un gorro azul para protegerse de la lluvia. El artefacto parece de lejos una señal ferroviaria, o, según se lo mire, una especie de autómata. Pero los contornos antropomorfos del objeto se desvanecen cuando Caballero agrega al conjunto un viejo monitor de computadora, que no se apoya sobre su soporte, sino que lo hacesobre la pantalla, que da directamente contra el piso. Luego coloca sobre el monitor un cubre llanta plateado de Fiat Siena y hace salir de uno de los costados una gruesa manguera de aspiradora que se conecta al pie del ventilador y viene a establecer un extraño circuito por el que habría de circular no sabemos bien qué.
En medio de esta instalación Pedro Caballero se sienta sobre una silla también intervenida (el respaldo se encuentra cubierto por un saquito de mujer de lana azul con motivos blancos en puños y bolsillos), y dice: -Todas las tardes me siento a leer algún tomo de la Historia de la Segunda Guerra Mundial,o repaso en mi memoria todos los presidentes argentinos y sus ministros… me siento entre los adornos. Los adornos son Artefactos. Y la definición que se nos da de artefacto es, más o menos: - artefactos que hago yo, en el patio, y me acompañan. Acabamos de asistir al montaje de uno.
Pedro Caballero, jubilado ferroviario, vive en un par de casillas de chapa y madera de las antiguas colonias ferroviarias de Ingeniero White. Su verdadero hábitat, sin embargo, es su patio, que recuerda de algún modo el Merzbau de Kurt Schwitters. A la manera del Merzbau, el patio es una suerte de ensamblado en expansión que, como un "organismo", crece desde el interior de la manzana hacia la calle, y llega a reproducirse en Ferrowhite. A golpe de vista es un depósito de chatarra, sin embargo, si se lo mira con detenimiento se descubre que la promesa de un orden vincula a los objetos. Por algún motivo que se nos escapa y a la vez nos interpela, es evidente que el lugar de la cubierta es sobre la pata de ventilador, y el de la tapa dellanta de Fiat Siena sobre el monitor boca abajo, aún cuando la tapa insista en deslizarse una y otra vez interrumpiendo la obra.
La instalación es precaria e inestable. Como las performances de los intérpretes del proyecto Archivo White de teatro documental, se encuentra bajo permanente amenaza: la posibilidad del error está presente de principio a fin, es un elemento de tensión continua.