No se por qué me regalaste el electrocardiograma. No conozco a nadie más que pueda hacer un regalo semejante. Tampoco se por qué lo miro. Es un poema. O una partitura.
Creo que puedo cantarlo.
(fragmento de BLAIA, inédito)
Mario Ortiz me hizo ver esto hace unos días, que a su vez él había visto con Luis Sagasti: Música para un departamento y seis percusionistas. Ahora hago unos temas buenísimos en mi casa, con virtuosísimos solos de multiprocesadora y blits de medicamentos. Como los músicos no son argentinos, pobres, no saben que el clímax sonoro hogareño es el del agua del mate, cuando chilla; momento de ovación.Ricardo de Armas, Marcelo Díaz y Nicolás Testoni fueron distinguidos en el Concurso Internacional de Música Electroacústica y Artes Electrónicas Bourges 2009 por su obra de música y video “A siete kilómetros de acá”. El concurso, organizado por el "Centre National de Création Musicale", reconoció el trabajo de estos bahienses dentro su sección “multimedia”.
Una versión anterior de esta misma obra había ganado en octubre pasado la mención de honor del prestigioso Premio Leonor Hirsch. En tanto que esta nueva versión ha cosechado en lo que va del año otros reconocimientos: fue elegida para participar del festival de video experimental “Images contre nature”, a realizarse en Marsella en julio próximo, y participa de la selección oficial del Festival de Videoarte de Atenas que circulará por distintas ciudades de Europa a largo de 2008 y 2009.
De acuerdo con sus autores, “A siete kilómetros de acá” es un intento por establecer una conexión entre algunos films domésticos de los años 70 y 80, y una serie de registros sonoros grabados en el puerto de Ingeniero White durante el verano de 2007. Película muda en super 8, por un lado. Tratamiento digital del ruido de quemadores y tolvas –pero también de bicicletas y trapos rejilla-, por el otro. Si bien el título de la obra alude a la distancia, espacial pero también simbólica, que separa a Bahía Blanca de su puerto, la confrontación de imágenes del pasado con sonidos del presente apunta más bien a poner en relación dos momentos de una misma historia. Una historia que involucra la implacable transformación de un lugar y el empeño de quienes viven en él por volverlo habitable cada día.
Era una serie mortalmente lenta. Era una serie en la que no pasaba nada. Era imposible jugar a Kung Fu, porque aún cuando las peleas eran atractivas, se desarrollaban en treinta segundos al final del episodio. El resto del capítulo consistía en: un tipo caminando, un tipo que se sienta en una piedra a tocar la flauta, un tipo que se encuentra con otros tipos, un tipo con cara de no entender ni qué pasa, ni qué dice el resto, ni qué hace él ahí en ese momento y en ese lugar (y ahora que lo pienso es la mejor definición de mi adolescencia, y es la imagen que siempre tuve de mi viejo, y es el estado en el que yo mismo me sorprendo a veces), un tipo que se va caminando. Todo eso con una amabilidad desesperante. 
Al parecer, y según consta en un estudio realizado por profesionales del área de criptología de la Universidad Nacional del Sur al que hemos tenido acceso (y que se dará a conocer en estos días), el tatuaje que luce en el cuello el candidato empresario multimillonario neoperonista Francisco De Narvaez, no sería una expresión oriental sino un poema del salvadoreño Roque Dalton: