miércoles, 15 de diciembre de 2010

LADRIDOS

Entre 1985 y 1993 un grupo de amigos que además escribíamos poesía pintamos paredes de Bahía Blanca con poemas y pinturas, las llenamos de engrudo para pegarles unos cuantos números de CUERNOPANZA, la revista mural que hacíamos, repartimos volantes con textos y dibujos. Con el tiempo, como en general le pasa a todo el mundo, se nos dió por trabajar y envejecer, y dejamos a las paredes de Bahía en paz. Algunos seguimos escribiendo (Mario Ortiz, Omar Chauvié, Sergio Raimondi) o pintando (Silvia Gattari), y otros se dedicaron a otras cosas (César Montangie, Daniel Sewald, Marcelo Guagliardo,...) En este segundo grupo contábamos a Fabián Alberdi, villamitrense y mateísta de la primera hora, al que todos creíamos consagrado a la música. Bueno, no, Fabián siguió escribiendo poemas, algunos en Córdoba, otros en Viedma (donde actualmente vive) y hace un tiempo me topé con una cantidad de hojas llenas de textos buenísimos. El bueno de Germán Arens acaba de subir unos cuantos a su blog. Yo subo algunos acá, mientras vamos pensando en un libro.

ladridos


“Grant insinuó una sonrisa.
-Hola, cómo estás- dijo.
-Hola- dijo el perro.
Grant señaló el nogal con el pulgar.
-Tu ardilla está ahí arriba.
-Gracias-dijo el perro-, puedo olerla”.

Clifford D. Simak

 
I
se está por dormir sobre el cuaderno,
de manera ridícula para el mundo,
   hermoso para mí.
nadie piensa en destruir la noche
pero yo,
        que he jugado todo el día en el jardín,
        se que nuestro poder es limitado.
justo como soy,
                        ladro,
                              regularmente.

II
nada más.
el que entra no advierte nada más
que olor a carne algo podrida
                                           y trapos viejos.
una montaña de mantas tibias,
la más grande o la única felicidad
hacen que él sienta con frecuencia
           el deseo de ser mi sustituto.
después de un prolijo examen
                             vuelve a sus libros
pero jamás dirá:
     “te mato como a un perro”

III
estoy apoyado en la puerta,
medio adentro, medio afuera.
él cree estar autorizado para echarme, 
                                        pero no lo hace.
no entro, sin embargo.

en momentos insoportables
yo lo soporto.

IV
probablemente más borracho que él
siento que él me llama por mi nombre.
quisiera eternizar este momento
con la tarea de artistas encumbrados.
yo también lo llamo por su nombre,
pero él no sale.

V
me hace un gesto.
si el gesto no basta, dice algo.
la palabra vuelve del todo loco a un servidor
que alcanza a reprimir una sonrisa.
el no se pone furioso,
                     pero ríe,
porque tiene más nervios que yo,
y porque ignora el aspecto de los adiestradores.

 VI
la parte menos vieja del galpón
le gusta mucho a los pájaros, y a él
le gusta atrapar pájaros.
lo oprime
la constancia de la vida ante la muerte,
y yo lo apoyo,
            con ladridos cortos,
                                    discretos.

(nadie,
nadie tiene paciencia).

VII
el lugar es fresco y le gusta, como a mí,
que llueva sobre los objetos favoritos.

VIII
con los ojos cerrados y la mano sobre el
                                                   corazón
él cruza a la carrera el patio
                                      varias veces.
yo lo sigo.
“está bien, ya ha pasado
es tiempo de recobrar el aliento”
                                                    digo
pero el sueño de los hombres dura toda la vida.

IX
estoy yo.
no admite otra realidad junto a él.

basta el agua de mi plato
para una relación favorable:
cuando él se va
yo sigo estando.

necesito, por lo menos, también
estar perdido.
por el bienestar de beber, capitulo.

X
ya era de noche.
desnudo, atraído por un deseo confuso,
él iba a la lucha verdadera
golpeado en pleno por el aire.

percibí cierto desorden
antes de que cerrara la ventana.

“ha ido por asuntos importantes” pensé.
                                     “volverá” pensé.

“si me convierto en fiera
recordaré siempre esta noche”.

Fabián Alberdi, Bahía Blanca, 1967.

2 comentarios:

mario ortiz dijo...

estoy verdaderamente emocionado
¡Un alberdi auténtico!

Qué belleza e intensidad hay en esta serie de textos.

Es al cuete: la poesía tarde o temprano reclama a los suyos.

un abrazo,Fabián!

Alberdi dijo...

Muchas gracias Mario!
Sos muy generoso..
Acá estamos,tratando de disimular mi patoso andar de zombie, después de veinte años de silencio..
Bueno es saber que los viejos amigos aminoran la marcha para palmearme la espalda..
Se siente bien!
Un abrazo enorme para vos!